lunes, 2 de agosto de 2010

Lidiando con las Bestias de la Fiesta Brava

Defender la fiesta brava con el argumento de que es una cultura y tradición que debe mantenerse por respeto a la libertad de expresión y que sin ella irremediablemente se extinguiría una raza, que según palabras de los propios taurinos “existe para expresar en la arena todo lo que tiene dentro y para ejercer su derecho a la combatividad" eludiendo el acto de crueldad y tortura que se inflige al toro, implica una gran contradicción y un gran cinismo, pero sobre todo una desmedida ignorancia.


Contradicción porque aunque niegan el sufrimiento del animal, aceptan tácitamente su carácter racional al admitir que es capaz de manifestar con su gestualidad emociones que al provenir de una reacción neuroquímica y cognitiva elaborada en su cerebro, necesariamente implican un proceso de conciencia, por tanto de reconocimiento de la situación. Cinismo porque al afirmar que el toro disfruta con el maltrato y el sometimiento, automáticamente le endosan la condición de masoquista, capacidad atribuible, entre todos los mamíferos en sus casi 200 millones de años de existencia, exclusivamente a los humanos.

Esta realidad evidencia la ignorancia de los taurinos, quienes siguen negando que la fiesta brava sea un acto de sadismo en el que se hace festejo colectivo del maltrato y la tortura de animales en estado de indefensión, que además de alimentar la inexplicable sed de sangre de algunos, le llena abundantemente los bolsillos a otros, lo cual a primera vista, parece la más importante razón para defenderla.

Quienes aducen otras razones como la tolerancia, y los derechos de las minorías, tendrían que empezar por entender que una cosa es la discusión sobre si la tauromaquia es un arte o no, o si es una tradición digna de ser conservada o no; y otra muy distinta, si esta práctica constituye un acto de crueldad y maltrato animal o no, y si debe seguir siendo legal. Si de conservar nuestras tradiciones se trata, hay decenas de ellas que generan empleo y que merecen apoyo y promoción antes que esta bárbara costumbre heredada de los españoles junto con la gripa, la varicela, los piojos y la rabia canina entre otras. El absurdo y abusivo intento de comparar esta sanguinaria práctica con cualquier forma de arte me deja sin argumentos, excepto por aquella cita que dice: “si la tauromaquia es arte, el canibalismo es gastronomía.”

Igualmente absurda resulta la utilización del concepto de tolerancia como escudo para defender los derechos de estas minorías, cuando promueven una actividad que fomenta la tortura de seres vivos, especialmente cuando ciertas minorías han puesto de rodillas a un país en el que la violencia, el maltrato, la indiferencia y la violación de derechos están a la orden del día, y en donde lastimosamente el Estado ha demostrado su incapacidad para erradicar estos comportamientos. Poderosas razones para educar a las nuevas generaciones, implementando normas que nos obliguen a reevaluar nuestra actitud frente estos atroces males, para rescatar valores como la solidaridad, el respeto a la vida, la compasión por el sufrimiento ajeno y el verdadero sentido de la tolerancia.

Teniendo en cuenta que desde 1977 existe la Declaración Universal de los Derechos del Animal aprobada por la UNESCO y la ONU, y que como dijo Gandhi “La grandeza de una nación y su progreso moral puede ser juzgado por la forma en que sus animales son tratados.”, sin perder de vista que vivimos en occidente, para redimirnos de nuestro subdesarrollo deberíamos dar un decisivo paso hacia la evolución y reconocernos como parte activa de la cadena alimenticia, tomando conciencia del privilegiado lugar que ocupamos en ella y de la responsabilidad que esto conlleva.

Si bien el Guepardo mata a la gacela para sobrevivir él y sus crías, y disfruta comerse primero el corazón y demás vísceras dejando para el final la carne, no encuentra placer en la tortura de su presa ni se reúne en manada para celebrarla. De igual modo el humano (animal homo sapiens) que también tiene que alimentarse depende del sacrificio de animales para su subsistencia cumpliendo su función en la cadena alimenticia, de lo que no están exentos los vegetarianos, cuya siembra y recolección de alimento causa anualmente la deforestación de millones de hectáreas de bosques y la muerte de miles de animales entre las cuchillas de las enormes máquinas industriales.

Sin pretender establecer juicios morales, así como no se puede comparar a la mujer que le abre las piernas a un desconocido por negocio con la que se las tiene que abrir igual a uno cualquiera que le practique un examen que le salve la vida, tampoco se puede comparar el sacrificio de un animal para el consumo humano con su sacrificio por diversión o por dinero.  A una misma cosa se le puede llamar por muchos nombres y justificarla de distintas maneras, pero lo que es y el motivo por el que existe, en su esencia, nunca deja de ser.

Quienes estamos a favor de la abolición de las corridas de toros, seguiremos luchando por la erradicación de tan aberrante práctica.  El reconocimiento de los derechos de ciertas minorías, no puede prevalecer sobre la obligación que tiene el Estado en cabeza de sus legisladores, de establecer señales claras y definitivas, acerca del modelo de sociedad que queremos construir para enfretar los desafíos que nos impone el futuro, a nosotros y a nuestros hijos.

jueves, 25 de febrero de 2010

Por qué no quiero ser una chica SOHO

Como no tengo nada en contra del desnudo, hace un año se me ocurrió la brillante idea de copiarme de algunas divas del cine y planeé quitarme algo de ropa como protesta, para llamar la atención sobre la inclemente situación en que están nuestros animales y la ausencia absoluta de leyes que penalicen los horribles maltratos a que son sometidos todos los días, aún en la calle frente a los ojos de todos, en su mayoría devotos feligreses que se dejan poner la cruz en la frente el miércoles de ceniza, pero que se hacen los de las gafas cuando les hablan de derechos humanos y que por supuesto, menos se conmueven con el dolor de un animal.

Envalentonada por mi optimismo alimenté la idea de meterme en una gran Jaula vestida de domadora, con unas altas, rojas y brillantes botas de punta, muy bien acomodadas sobre el lomo de Raúl Gasca, exhibiendo uno que otro de mis atributos, por supuesto bien retocados con Photoshop y con un reluciente y sonoro látigo en mi mano, dándole su merecido.  En mi fantasía alimentaba la idea de que uno de mis ídolos y gran activista por los derechos de los animales, Fernando Vallejo, escribiera un artículo bien cáustico para que nuestro Congreso le diera a la legislación de protección animal un empujón de por lo menos 25 años de atraso.  Así las cosas, la única candidata para ejecutar mi maravilloso plan, era la muy conocida revista para señores SOHO.



Poco me duró el entusiasmo, cuando meses después algunas colegas y amigas decidieron participar en una campaña poniendo el pecho, apoyadas por la misma revista, prometiendo a los lectores destaparse, si el Honorable Congreso de la República aprobaba la ley 157 de 2008 que buscaba el reconocimiento del Derecho de Remuneración por Comunicación Pública para los artistas de la obra audiovisual, y que no provocó sino confusión y caos entre la mayoría de los miembros del Congreso, la prensa y la opinión pública, quienes más o menos las acusaron de estar ofreciendo dádivas a la vista de los legisladores para ablandarles la voluntad y así obtener la aprobación de la ley, como si eso fuera posible.  Tanto me indignó el doblemoralismo, la falta de solidaridad y sobre todo la incapacidad de leer el mensaje detrás de la decisión de estas valerosas actrices, que de inmediato desistí de la idea de salvar con esta misma estrategia a mis amados animales.
Pero como las casualidades no existen, casi al mismo tiempo recibí de SOHO la propuesta de posar para un número especial de bellas y maduritas, en donde muy justamente se le rendirá homenaje a la edad y a la experiencia, como siempre con el respaldo de los mejores escritores, entre ellos Héctor Abad por quién me revuelco de amor sin ningún recato.  Tengo que aclarar que no es que no me guste la idea de clasificar entre las Top de las cuchibarbies, resulta hasta tentador para una gran vanidosa como yo, que Daniel Samper Ospina, a mi juicio uno de los hombres más inteligentes y encantadores del periodismo colombiano, me pida con insistencia que aparezca en su revista, más aún, cuando con esa propuesta casi podía acariciar de nuevo mi sueño de darle fusta virtual a algunos de los maltratadores de animales de este país como el director de zoonosis, el alcalde de Mosquera que pretendía envenenar a todos los perros de la zona, el ministro del medio ambiente  por permitir el asesinato del Hipopótamo Pepe, al Presidente de la Corporación Taurina o a cualquier torero de tantos que andan por ahí, viendo que oreja arrancan.   Sin embargo, en un ataque de cordura me acordé de Jean Paul Sartre y me pregunté: Para que cometer la misma tontería, si hay tantas de donde elegir?.  Por tanto dije NO.  Sobra decir que mis razones no fueron morales.  Creo firmemente que una imagen debe estar sustentada por un buen argumento, pero que esto no es suficiente si no se enmarca en el contexto adecuado, y que por buena que sea la causa, vender, o peor, regalar la belleza y la sensualidad como único mérito, le hace declarar a gritos a cualquier mujer que no tiene nada mejor que ofrecer.

Admito que leo SOHO en la sala de espera del consultorio de mi odontólogo, que publica artículos buenísimos que me devoro por internet, pero todos sabemos que no se vendería igual sin las ninfas en bola que son la carnada, por lo que me pregunto: Para que ser cebo, si puedo tirar la caña y pescar mi propio pez o seguir nadando como una barracuda feliz en mi estanque? Por otro lado, quiero seguir ejerciendo el sagrado derecho a sentir pena ajena por la forma en que muchas de mis congéneres se dejan manosear, no tanto por lo que muestran sino por lo que dicen, poniendo en ganga su intimidad de la manera más ingenua que se pueda concebir y sin ningún propósito útil.

También quiero conservar el malvado placer de criticar las burradas que dicen, especialmente las misses, y de presumir que yo pertenezco al selecto grupo de las rogadas que han dicho NO, y por si acaso quiero agregar que ni remotamente me gustaría estar por ejemplo, en una de las cartas del juego de naipes de algún señor en bata escocesa con pantuflas que le hagan juego, o de algún mecánico morboso del 7 de agosto, y menos, ser parte del cartel de féminas en liguero y piernas aceitadas del patético magazín de la noche SOHO TV.

Como no es un asunto moral lo que me motiva a escribir esta nota, quiero terminar diciendo que sigo preocupada por los derechos de los animales, que confío en que se acaben las corridas de toros, y en que el estado cree leyes que impongan castigos severos a los maltratadores. Si algún día voy a ser recordada por encuerarme, entonces quiero que sea por el desnudo que hice para el libro de Fotografía de Janca, "La Bella y la Bestia", por puro amor al arte y del que todavía me siento orgullosa después de 15 años, por el mensaje que hay detrás de él y que hoy sigue más vigente que nunca. Una mujer crucificada en medio de un paisaje sobrecogedor como homenaje a la gran sacrificada de la humanidad: La mujer madre, esposa, trabajadora, amiga, ama de casa, hermana, hija, amante, valiente, doliente, soltera, casada, presa, virgen, violada, señora, puta: que por encontrarse en condición de minusvalía económica, académica, laboral, psicológica, emocional o física, y por su incapacidad de controlarla; padece el flagelo del abuso, de la desigualdad, del acoso, del ultraje de palabra y del maltrato físico y psicológico en todas las culturas y sociedades, y que a lo largo de la historia ha sido perpetrado con sevicia por sus hombres con la complicidad de las leyes, sus instituciones y sus gobernantes.

domingo, 7 de febrero de 2010

Al que le caiga el guante que se lo plante, al que no…cate que no lo vi!


Corro el riesgo de parecer monotemática, pero es una licencia que me voy a permitir como anticipo de la celebración de mi cumpleaños en marzo. La conocida escritora norteamericana Susan Sontag dice que el miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea y que ocurre cuando se tiene la sensación de estar usando mal el presente. Pues en mi prolijo universo femenino no pude encontrar una mejor razón para liberarme de la conmoción que me produce el inexorable paso del tiempo. Así que tengo que reconocer que este argumento ha sido un maravilloso paliativo para esta tara mental tercermundista, entre muchas razones porque me obliga a evaluar mi vida y a tomar conciencia de que cada instante podría ser el último. Pero, aunque el balance sea positivo, no puedo borrar del calendario esos días en que mis hormonas hacen fiesta “todavía y gracias a Dios” y le miento sobre mi edad a algún incauto que me la pregunte, porque sé que no me puede sacar las cuentas. Esto para no robarle la razón a Oscar Wilde quién sentencia que una mujer que revela su edad no es digna de confianza, ni a las queridas tías de Colombia Tola y Maruja, que no dicen cuantos años tienen ni aunque les arrimen una moto sierra a la cara.

Este no es un temor infundado, ya que en una sociedad que le rinde culto a la juventud y a la belleza, la sabiduría y la experiencia no son precisamente populares . A pesar de esto, la mayoría de las mujeres sabemos guardar de modo natural un comportamiento que le hace justicia a nuestra edad cronológica, a la vida que hemos elegido y a la palabra que hemos empeñado. En el caso contrario, no puede existir un ejemplo que ilustre mejor el patetismo.

Sin embargo me causa curiosidad la descarada metamorfosis de muchos señores, que con el paso de los años parecen caer en una súbita idealización de la juventud que les hace retoñar las plumas de la adolescencia, convirtiéndolos en individuos inseguros e incapaces de vivir a plenitud el mejor momento de su existencia. Me cuesta entender cómo, cuando un hombre ha conseguido encarrilar su vida, establecerse profesionalmente, cuando ha resuelto problemas básicos de supervivencia, criado y educado hijos y le ha jurado amor eterno a la mujer de su vida, cuando ha logrado amueblar su pensamiento con una ideología y una visión determinada del mundo y conoce el sabor del triunfo y el fracaso, lo que le ha permitido tomar decisiones trascendentales; desajusta sus deseos de su realidad y se devuelve al pasado en búsqueda de un tiempo perdido o por lo menos añorado, para rescatar su mancebía entre los brazos de alguna doncella generalmente bruta, barata y con complejo de Electra.

jueves, 4 de febrero de 2010

No existe la perfección, existe la belleza!!

A propósito de mi última nota, he tenido que aprender a lidiar con un par de preguntas que me cuesta digerir, sobre todo cuando vienen de un periodista.  La primera es: -Y no le molesta no ser la protagonista de la historia?, la segunda: -Y como hace para mantenerse tan conservada?  La respuesta a la primera pregunta será motivo de otra nota, pero para no dejar el renglón en blanco, diré que me parece increible que a pesar de tantos libros, teatro, cine y tanta televisión  todavía haya gente que no entienda cual es el trabajo de un actor.  Agregaré a esto que no hay personaje tan pequeño que un buen actor no pueda engrandecer, ni tan grande que un mal actor no pueda echar a perder. 


Respecto a la segunda no es que tenga mucho que decir, pero si de algo sirve, antes de revelar mis rituales de conservación y después de algunas visitas prematuras al cirujano plástico, confieso que hace años entendí que la belleza no tiene que ver con la perfección, que quien logra una buena mezcla entre sus atributos físicos, espirituales e intelectuales logra la gracia y en la gracia habita la belleza.  No estoy diciendo que no volvería a pasar por un quirófano, pero definitivamente mi prioridad en la vida es estar sana.  Me sentiría patética con la cara llena de botox y las arterias invadidas de colesterol.  Todo este discurso para concluir que nada se parece más a la belleza, que estar sana y verse lo más natural posible.  Pero el súmmum de la belleza consiste en que ese cuerpo y espíritu cultivados le pertenezcan a una cabeza que piense.  No olviden que no todas las bellas son inteligentes, pero las inteligentes siempre serán bellas.
Para no quitar el toque de frivolidad que merece esta nota, a continuación enumero algunos de los trucos que en broma llamaré mis mandamientos:

1.  Rio mucho, la risa quema calorías
2.  Lloro, a través de las lágrimas elimino toxinas emocionales
3.  No me gustan los Gimnasios, practico a menudo actividades  que adoro y que  también queman calorías
4.  Duermo de 8 a 10 horas diarias
5.  No hago dietas, pero me alimento sanamente, tomo vitaminas y antioxidantes
6.  No fumo, bebo vino y margaritas de vez en cuando
7.  Bebo mucha agua, especialmente un vaso antes de cada comida
8.  Uso siempre bloqueador solar, aún en la noche
9.  Amo y me dejo amar
10.Cuando me visto pienso en Coco Chanel "menos es mas"
11.Tengo mascotas, porque son bellas, son fáciles de amar y prolongan la vida
12.Soy espiritual no religiosa
13.Creer es crear. Fabrico pensamientos positivos
14.Veo cine y leo por  placer
15.Aprendí a decir NO sin remordimientos
16.Soy creativa, siempre estoy planeando algo

Cuando me preguntan como me conservo, siempre tengo la tentación de responder que duermo entre un frasco de aceite de oliva o en una cámara de oxígeno porque a preguntas necias respuestas estúpidas, pero prefiero decir que los cuarentas son los nuevos treintas, que yo me veo como me merezco, que los demás me vean como les de la gana y que soy morena porque el sol me besó.  Al fin y al cabo para que entrar en discusiones si uno es lo que come, lo que piensa y lo que cree, o por lo menos eso soy yo.

Por qué un Blog?


No hay nada  mas democrático que cumplir años, esa es la vida, uno se envejece o se muere. Así que mientras voy avanzando dignamente por el cuarto piso, tengo que aceptar que los años pasan y que aunque todavía puedo verme y sentirme joven, cada vez cuesta más esfuerzo.  Empecé mi carrera de actriz a los 16 años y durante 27, no he dejado de trabajar, lo que hace parecer "a mucho honor" que hago parte del patrimonio de la televisión colombiana.  Verdad o mentira, a estas alturas me siento con la edad, el carácter y los ovarios para hablar de lo que se me antoje, y este espacio me parece el mejor lugar.