miércoles, 30 de marzo de 2016

Agua de Rosas 100% Natural

Cuando vayas a desechar tus rosas quita los pétalos, enjuágalos con agua fría, ponlos en un recipiente y agrega de 2 a 3 tazas de agua hirviendo. Deja reposar por 3 horas hasta que el agua esté fría, pásala por un colador y ponla en un recipiente en la nevera. Puedes envasarla en un frasco limpio y rociar tu cara con ella. Así de fácil obtendrás Agua de rosas 100% natural. Sirve como tónico facial, refresca el maquillaje, da brillo a tu pelo, evita que la piel se irrite después de afeitada, quita ojeras y te relaja en la bañera.

lunes, 11 de junio de 2012

Del Extracto de Perlas y otros Desatinos

Confieso que durante los últimos meses me valí de todas las excusas posibles para no escribir, pero los acontecimientos recientes me impulsan a unir mi voz a las muchas que se han elevado para protestar por la creciente violencia en contra de las mujeres. No voy a reiterar la necesaria diatriba que ha sido motivo de todo tipo de artículos y columnas sobre los vejámenes, asesinatos y abusos cometidos en contra de miles de mujeres en este país, sin que nadie, menos el Estado, haga mayor cosa para detener a los victimarios. Tampoco voy a insistir en lo mucho que me repugna el retrógrado ejercicio del poderío físico masculino que somete a las mujeres y no encuentro palabras suficientes para condenar la tortura y los viles asesinatos ocurridos y que han protagonizado ya suficientes portadas y titulares en todos los medios de comunicación. En cambio voy a reclamar enérgicamente por el maltrato del que somos cómplices todas y todos y que aceptamos tácitamente a diario, al lado de las noticias que tanto repudiamos. 

Es casi imposible imaginar la violencia física sin una previa agresión psicológica y con ella todo el abanico de traumas que padecen las víctimas. Cobardes ataques que las incapacitan para defenderse, que causan daño físico y derrumbamiento moral invisible e irreversible y que son casi siempre, anuncio de una inminente agresión física. Sin embargo y guardando las proporciones, no es muy distinto lo que ocurre en nuestra actual sociedad de consumo, en donde el maltrato proviene de un agresor que nos seduce y habla al oído con el propósito de modificar nuestros patrones de comportamiento para sumergirnos en un pozo sin fondo, aprovechando el rol natural de recolectoras del sexo femenino y alimentando el modelo machista, cuna de la actitud prepotente y discriminatoria de muchos varones hacia las mujeres.

Me refiero a la nueva violencia de género que ejerce  la publicidad y a su afán de alienarnos mentalmente con atractivos anuncios engañosos que  insultan nuestra inteligencia en unos casos y abusan de nuestra ingenuidad y buena fe en otros.  Ni hablar de la cantidad de piel que hay que destapar, cada vez más cerca de los pezones o del pubis para vender casi cualquier cosa, situación de la que somos responsables y no podemos quejarnos las mujeres, porque ha ocurrido con nuestro pleno consentimiento.

Gracias a los nuevos cánones que impuso este modelo de sociedad nos vendieron la idea absurda de que la felicidad se puede encontrar adquiriendo cosas y con ellas status y prestigio.  Felicidad embotellada, empacada al vacío, productos corrientes con  beneficios ficticios cuya promoción está basada en la presunta incapacidad de las mujeres para ver más allá de un empaque bonito. Deseables ofertas, atractivos señuelos, basura publicitaria ofensiva y sexista que ni remotamente se atreverían a proponer a los hombres.




Tarjetas de crédito cuya única bondad es ser de color rosa Barbie; horribles zapatos adelgazantes, ungüentos y pastillas que desaparecen venas, estrías y prometen el cuerpo perfecto sin el mínimo esfuerzo físico, idéntico al de la diva que ha consagrado su vida entera a la dieta y al gimnasio.  Esponjas y jabones con humectantes y extractos naturales que garantizan a toda ama de casa una vida feliz si lava rascacielos de platos, sola, sin la ayuda del macho alfa del hogar y toda esta falacia con la promesa de  cortar la grasa más difícil sin estropearle las manos.  Créditos para adquirir vehículos dirigidos a supermujeres que son capaces de hacerlo todo, incluso manejar y maquillarse al mismo tiempo, aludiendo falta de sesos o peor aún insinuando nuestro irrespeto a las más elementales normas de tránsito.  Y para no ir más lejos, el exclusivo desodorante o el papel higiénico con extracto de perlas y de seda, cuyas virtudes por más que lo intento no logro encontrar.

Responsabilidad de nosotras, que hemos promovido ese trato de segunda con el consumo de productos y servicios cuya publicidad nos subestima y discrimina.  Han sido largas y duras las luchas que hemos emprendido las mujeres, desde el derecho al voto reconocido hace apenas 50 años, el derecho a separar la sexualidad de la reproducción gracias a la píldora, hasta el de ocupar cargos públicos o decidir sobre nuestros cuerpos. 

Por folclórico que parezca, que quede claro que subestimar la inteligencia y la capacidad de juicio de las mujeres también es violencia, lo que por solidaridad de género me obliga, en nombre de todas a exigir respeto.  Demasiado esfuerzo para ser tratadas como iguales, en este mundo hecho a la medida de los hombres, al que ellos han llegado desde siempre con un pase de cortesía que les otorga licencia para todo, como para que nosotras ahora cedamos tan sumisamente, al humillante marketing. 

Ojalá que no se nos siga olvidando a las mujeres que seguimos conservando el derecho a decir NO y que cuando nos lo proponemos, somos capaces de hacer cualquier cosa mejor que los hombres y con tacones si se nos da la gana!!